domingo, 8 de mayo de 2016

3X1 CONCLUSIONES CURSO


Última entrada del curso, toca sacar conclusiones, ante todo decir que ha sido muy positivo, hemos aprendido mucho, puede que a partir de ahora comamos un poquito mejor, seamos más críticos con lo que comemos y cómo lo comemos y contamos con  un recurso para trabajar con nuestros alumnos que seguro lo agradecerán.
Mis tres aspectos más positivos han sido el contenido, el material de apoyo, y el poder ver lo que los compañeros han trabajado.
Por poner alguna pega, creo que los tiempos podían haber sido más relajados, por mi parte a veces me ha costado mucho  trabajo  presentar a tiempo las tareas. 

Muchas gracias a todos


viernes, 29 de abril de 2016

SOMOS LO QUE COMEMOS

Después de casi dos meses de curso, creo debemos sacar ya conclusiones, conocemos un gran número de enfermedades o trastornos relacionados con la alimentación o mejor dicho con nuestros hábitos alimenticios, algunas psicológicas como la anorexia y la bulimia, otras son producidas por infecciones, provocadas por algún agente patógeno, este ha podido llegar a nosotros por puro azar, pero a veces (más de la cuenta) por negligencia a la hora de la manipulación o conservación del alimento. Luego están la intoxicaciones provocadas por la ingesta de toxinas presentes en alimentos de origen vegetal o animal, y cuya causa es casi la misma que en el caso anterior. Ante estas, sobre todo higiene, mucha higiene y sentido común a la hora de tratar los alimentos. 
Pasamos a las intolerancias alimentarias, se estima en 140 millones de personas con alergias e intolerancias y que en los últimos diez años esta cantidad se habría duplicado, ¿por qué? en mi humilde opinión creo que un exceso de higiene, de escrupulosidad exagerada, nos ha llevado a tener hijos más débiles y con un sistema inmunitario excesivamente protegido. Por último pero no menos importante está la obesidad, nuestros hábitos alimenticios son claves, yo invito a cotillear en el super los carros de la gente, casi no haría falta mirar a la persona para saber aproximadamente lo que nos vamos a encontrar, si a eso le sumamos el sedentarismo tanto infantil como adulto, vemos que en cada clase tenemos un 50% de niños que con la edad de 12 años sabemos que en el futuro tendrán problemas de sobrepeso (si no los tienen Ya). Bueno ahí queda mi reflexión, responsabilidad tanto en lo que comemos como en cómo lo comemos y manipulamos, hábitos de vida saludable, MENS SANA IN CORPORE SANA. 

jueves, 28 de abril de 2016

La cerveza NO engorda

Os puedo asegurar que la cerveza tiene un valor calórico reducido y no engorda tanto como se cree. la cerveza consumida con moderación no engorda.
La cerveza es una bebida natural, tiene pocas calorías, no contiene grasas saturadas, ni azúcares y sí una cantidad importante de hidratos de carbono, vitaminas y proteínas. Se tienen evidencias científicas de que esta tiene efectos beneficiosos para la salud. La cerveza tiene tan sólo 43 calorías por 100ml, es decir, unas 90 calorías por caña, menos que muchos refrescos que habitualmente tomamos en sustitución de la cerveza, ya que pensamos que engorda menos. Eso si hay que tener cuidado con el aperitivo que te ponen al lado, porque ese sí que generalmente suele estar plagado de calorías que no contamos, o que simplemente creemos que no es para tanto.

Sin duda alguna, el consumo de cerveza moderado no tiene nada que ver con la obesidad. Está claro que no puedes beber litros y litros (ya no por las calorías que contiene, sino por todo el alcohol que ingerirías), por lo que incluso a dieta, puedes tomarte un cañita perfectamente cada día.

miércoles, 20 de abril de 2016

¿Qué hay de comer en el cole?


MI MENU DE HOY


ANÁLISIS SEGÚN LA GUIA PERSEO


EQUIVALENCIA


PRIMER PLATO                   JUDIAS PINTAS CON ARROZ              ARROZ Y LEGUNBRES


SEGUNDO PLATO               SAN JACOBO CON ENSALADA          CARNE

GUARNICIÓN                    ENSALADA Y PAN                                 VERDURA Y CEREALES

POSTRE                                FRUTA

COMPLEMENTO                     LACTEO



¡¡¡¡SOBRESALIENTE A NUESTRO COLE DIFICILMENTE MEJORABLE!!!!

3.3. Reflexión

Interesante bloque en el que hemos podido comprobar, cómo es nuestra dieta de equilibrada. Real, aunque los cálculos son difíciles de hacer con exactitud, pero a nivel orientativo muy recomendable. Se debe trabajar en clase, de hecho en 3ª de ESO, es casi imprescindible hacerlo cuando estudiamos  la nutrición. El conjunto, alimentación-estilo de vida debemos trabajarlo  a la vez, hablar de las dietas milagrosas de adelgazamiento, la anorexia, la bulimia, también de la dieta mediterránea, los complementos proteínicos de los deportistas. Muchos temas para debatir y para recapacitar.

miércoles, 30 de marzo de 2016

¿Con cuál me quedo?




He elegido para esta actividad dos marcas distintas de tomate frito, Hacendado (Mercadona) y Freshona (Lidl)









Veamos sus ingredientes, en negrita lo más destacado, positiva o negativamente de cada uno. En principio entendemos que los jarabes y el almidón modificado no tienen consecuencias negativas ( no se si es mucho suponer), que el origen de los aromas no se sabe si son naturales o no, podemos apreciar la presencia de aceite de oliva virgen extra frente a aceite de girasol y la presencia de conservantes en la marca hacendado, lo dejamos en empate ….





Tomate, aceite de girasol, azucar, fécula de maiz, sal, cebolla, ajo y E-202 (conservante)


Tomate, aceite de oliva v.e, jarabe de glucosa y fructosa, azucar, almidón modificado, manzana, sal, aromas y especia



Vamos a por los valores nutricionales






Valor energético 329 kj  ˃ 301 KJ

grasas saturadas igual

azúcares 7,4 g ˂ 8,1g

proteinas 1,5g ˃ 1,4g

sal 1,2 g ˃ 1,00g

Conclusión, ambos productos tiene un etiquetado adecuado con la normativa y presentan una claridad mejorable (sobre todo el freshona), en cuanto a sus ingredientes, el valor energético y la cantidad de sal hacen decantar la balanza hacia el freshona.


El próximo lo compro en lidl

2.5. Reflexión


Para comer bien necesitamos alimentarnos de forma variada y equilibrada. En nuestra dieta debemos incluir los distintos tipos de alimentos, en proporciones y cantidades variables. Estas cantidades variarán según la persona y sus hábitos de vida. Una proporción de los distintos grupos alimenticios, 55% de hidratos de carbono, 30 % de grasas y 15 % de proteínas, sería adecuada para tener esa dieta variada y equilibrada, aunque claro está las proporciones variarán según la persona.
A la hora de elaborar nuestra dieta debemos conocer muy bien qué es lo que comemos, el grupo alimenticio al que pertenece ese alimento, su contenido calórico, y muy importante, cómo lo elaboramos, o cómo lo han elaborado. Para ello nada mejor que un pequeño vistazo al etiquetado del producto, en él además de la procedencia, que a veces parece que es lo que más nos preocupa, veremos ingredientes, cantidades diarias recomendadas y procesos de elaboración y conservación.

A mis alumnos les suelo proponer, que me hagan un menú diario, con cantidades aproximadas y aporte calórico. Además realizamos un análisis de nuestra actividad diaria y calculamos nuestra tasa metabólica basal. La diferencia entre el aporte y el gasto nos da una idea de la idoneidad de nuestra dieta. A partir de aquí trabajamos en la mejora tanto en cantidad como en calidad de nuestros alimentos.

lunes, 28 de marzo de 2016

2.4. ¿Qué hay en la etiqueta?

COUS-COUS MEDIANO

lista de ingredientes.













cantidad de determinados ingredientes o categoría de ingredientes.














cantidad neta













condiciones especiales de conservación





fecha de caducidad y lote














modo de empleo

2.2. Recetas de "buen provecho"

PATATAS A LO POBRE CON HUEVO Y CHORIZO

Para cuatro personas

Ingredientes:
  • Patatas
  • Huevo
  • Ajo
  • Tomate
  • Pimiento
  • Cebolla
  • Sal
  • Perejil
  • Podemos añadirle bacon, jamón, longaniza, chorizo... (en fin cualquier ingrediente que encontréis abandonado por la nevera), en este caso hemos elegido chorizo.
Proceso de elaboración
Pelaremos y cortaremos las patatas a rodajas muy finas, ponemos una sartén en el fuego con un poco de aceite, si tenemos de oliva virgen extra mejor, y freímos las patatas a fuego no demasiado fuerte tienen que hacerse pero no dorarse en exceso, tienen que quedarse blanditas.
Pelamos y cortamos los ajos, tomates, pimientos y cebolla, así mismo cortamos el chorizo en taquitos.
Sacamos las patatas y las retiramos en un plato.
Retiramos el aceite sobrante y asamos el chorizo, una vez hecho lo apartamos junto con las patatas.
En la sartén ponemos un poco de aceite, entonces añadimos el ajo, la cebolla, el tomate y el pimiento troceado, una vez hechos añadimos las patatas y el chorizo que habíamos retirado y movemos.
Batimos 4 huevos (uno por persona), y ponemos la sartén al fuego, añadimos a la sartén los huevos, y removemos constantemente sin dejar de hacerlo hasta que el huevo vaya cuajando, es importante sacar las patatas del fuego antes de que se cuaje mucho, así saldrán las patatas jugosas y muy buenas.







Fuentes: Imagen www.elbullicio.es

Receta a partir de www.cocinaconpoco.com/.../patatas-lo-pobre-facil-rapido-y-barato.html

domingo, 27 de marzo de 2016

2.1. Transformación completa de una receta

RECETA ORIGINAL
RECETA TRANSFORMADA.
Berenjenas al horno con mozzarella
Berenjenas al horno con queso fresco

Fuente de la fotografía aquiy-ahora.blogspot.com
Para 6 personas
5 berenjenas
1 cucharada de sal
1 cuchada de aceite
800 gr de tomate enlatado crudo y pelado
5 hojas de albahaca
Sal
Pimienta
Harina
Aceite de oliva virgen extra
Queso mozzarella
Queso rallado
5 berenjenas
1 cucharada de sal
1 cuchada de aceite
800 gr de tomate natural crudo
5 hojas de albahaca
Sal
Pimienta
Aceite de oliva virgen extra
Queso fresco
Queso rallado
Cortar berenjenas en rodajas
Sazonar y dejar reposar 2 horas
Freír los tomates enlatados añadiendo, albahaca, sal y pimienta
Enharinar las berenjenas y freírla
Sobre una fuente de horno colocar una capa de tomate frito, una de berenjena, una de queso mozzarella, otra de tomate, otra de berenjena, otra de tomate y por último el queso rallado.
Hornear 45 mina 200ºC


Cortar berenjenas en rodajas
Sazonar y dejar reposar 2 horas
Pelar los tomates y cortarlos en rodajas, añadiendo, albahaca, sal y pimienta
Pasar las berenjenas por la plancha
Sobre una fuente de horno colocar una capa de tomate en crudo, una de berenjena, una de queso fresco, otra de tomate, otra de berenjena, otra de tomate y por último el queso rallado.
Hornear 45 min. a 200ºC

viernes, 18 de marzo de 2016

1.5 ¿Cómo me alimento?


Reflexión


¿Es apropiada nuestra dieta?

Para contestar a esta pregunta, primero debemos saber “qué es una dieta sana”. Para empezar podríamos definirla como una dieta completa, variada y equilibrada. Debemos comer de todo, incluir siempre los tres tipos de alimentos, energéticos, plásticos y reguladores y hacerlo de forma compensada. Hasta aquí muy bien, ¿es lo mismo una dieta completa y equilibrada para un adolescente que para un adulto? Evidentemente no, ¿ es lo mismo una dieta completa y equilibrada para una persona sedentaria que para una persona muy deportista? Evidentemente tampoco, ni para una persona de 60 Kg y otra de 90, la dieta, ese conjunto de alimentos que ingerimos a diario debe de estar condicionada por estos factores y diseñada de forma específica para cada persona. 

jueves, 17 de marzo de 2016

1.4. Vamos a jugar con

1.2. ¿Qué comiste ayer?

Recuerdo de 24 horas


Desayuno 7;00
Café con leche.
Leche semidesnatada, café y azucar.
3/4 taza de leche, ¼ taza de café+ cucharada de postre de azucar.
Media mañana 11:30
Café con leche.
Leche semidesnatada, café y azucar.
3/4 taza de leche, ¼ taza de café+ cucharada de postre de azucar.
Tostada
Pan blanco con mantequilla y miel
100 gramos de pan tostado, una cucharada de postre de mantequilla y otra de miel
Comida 15:30
Cerveza
Cerveza
330 c.c
Ensalada
Lechuga , tomate, cebolla, aceite, sal, y frutos secos
200 gramos de materia vegetal, una cucharada sopera de frutos secos, cucharada de postre de aceite y puñadito de sal. Todo en crudo
Filete de pollo a la plancha
Pechuga de pollo
250 gramos
Café solo
75 c.c.
Cena 22;00
Cerveza
Cerveza
330 c.c
Bocadillo de jamón cocido y queso
Pan blanco, jamón cocido y queso fresco
100 gramos de pan, 50 gr de jamón cocido y 50 gr de queso fresco
Yogur
Yogur
125 gr


1.1. Grupos de alimentos

1.1. Grupos de alimentos




Ingrediente Grupo de alimento al que pertenece Principales nutrientes






5 berengenas
Grupo 2: Frutas y verduras
Contienen altos niveles de fibra, vitaminas y minerales
1 cucharada de sal Condimentos Sales minerales
1 cuchada de aceite
Grupo 4: Grasas, azúcares, postres, golosinas y gaseosas.
Lípidos
800 gr de tomate crudo y pelado
Grupo 2: Frutas y verduras
Contienen altos niveles de fibra, vitaminas y minerales
5 hojas de albahaca Condimentos Sales minerales y vitaminas
Sal Condimentos Sales minerales
Pimienta Condimentos Sales minerales y vitaminas
Harina
Grupo 1: Cereales, tubérculos, fideos y pan
Carbohidratos
Aceite de oliva virgen extra
Grupo 4: Grasas, azúcares, postres, golosinas y gaseosas
Lípidos
Queso mozzarella
Grupo 3: Productos lácteos, carnes, pescado y mariscos, huevos y leguminosas
Contienen muchas proteínas, también son ricos en minerales esenciales.
Queso rallado
Grupo 3: Productos lácteos, carnes, pescado y mariscos, huevos y leguminosas
Contienen muchas proteínas, también son ricos en minerales esenciales.



martes, 8 de marzo de 2016

viernes, 18 de octubre de 2013

lunes, 17 de enero de 2011

LOUIS PASTEUR


Louis Pasteur nació el 27 de diciembre de 1822. En la escuela no brilló como estudiante y en la universidad sólo se desenvolvió con cierta soltura en la asignatura de química. La ambición no prendió en él hasta después de licenciarse y asistir a las lecciones de Jean B. Dumas, gran químico francés. Fue entonces cuando decidió dedicar su vida a la ciencia.
Pasteur inició sus investigaciones estudiando dos sustancias químicas: el ácido tartárico y el ácido racémico. Ambos parecían iguales en todo, menos en un aspecto: el ácido tartárico ejercía un extraño efecto de rotación sobre ciertas clases de luz; el ácido racémico no poseía ese efecto.
Los amigos de Pasteur se reían de él y le decían que para qué se preocupaba de un problema tan absurdo. Pero Pasteur siguió impertérrito. Obtuvo cristales de ambos ácidos y los estudió al microscopio. Los cristales de ácido tartárico eran todos idénticos; los de ácido racémico eran de dos tipos. Uno de ellos se parecía a los cristales de ácido tartárico; los del otro tipo eran imágenes especulares del primero. (Era como mirar un montón de guantes, unos de la mano derecha y otros de la izquierda.)
Pasteur, con paciencia infinita, separó los cristales de ácido racémico en dos montones. Los cristales que se parecían a los de ácido tartárico giraban la luz en la misma dirección que el ácido tartárico; los otros cristales también la giraban, pero en sentido contrario.
Pasteur había descubierto que las moléculas podían ser «dextrógiras» o «levógiras». Este descubrimiento condujo en último término a nuevas y revolucionarias ideas acerca de la estructura de las importantes sustancias químicas que componen los tejidos vivos.
El hallazgo de Pasteur encontró un reconocimiento inmediato, pese a contar sólo veintiséis años: se le con-cedió la Legión de Honor francesa.
En 1854 fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lille, en el corazón de la región vinícola, donde empezó a estudiar los problemas de la importante industria de vinos francesa. El vino y la cerveza, al envejecer, se agriaban con facilidad,
causando pérdidas de millones de francos. ¿No habría algún producto químico que, añadido al vino, evitara esa catástrofe? Los viticultores y cerveceros acudieron al joven y famoso químico en busca de consejo.
Pasteur volvió a echar mano del microscopio. Estudió los posos de vino sano y los comparó con los del vino agriado. Ambos contenían células de levadura, pero la forma de las células era diferente. Había una clase especial de levadura que avinagraba el vino.
La solución era matar esa levadura, dijo Pasteur: una vez formado el vino o la cerveza había que calentarlo suavemente hasta unos 48° C, matando así cualquier resto de levadura, incluida la indeseada que pudiera introducirse durante el proceso de fabricación. Sellando luego las cubas, el líquido no se agriaría.
Los fabricantes se horrorizaron ante la perspectiva de calentar el vino. Pasteur decidió convencerles. Calentó unas muestras, dejó sin calentar otras y pidió a los fabricantes que esperaran unos meses. Al abrir las muestras calentadas se vio que estaban en perfectas condiciones, mientras que algunas de las no calentadas se habían estropeado. Los viticultores retiraron sus objeciones.
Desde entonces se llama «pasteurización» al proceso de calentar lentamente un líquido para matar organismos microscópicos indeseables. Por eso pasteurizamos la leche que bebemos.
Pasteur llegó en el curso de sus investigaciones a la conclusión de que toda
fermentación y descomposición era obra de organismos vivos.
La gente se opuso a esa teoría, porque la carne, aun hervida para matar las bacterias, se pudre al cabo de un tiempo. Pasteur replicó que lo que ocurre es que hay gérmenes por todas partes y que éstos caen en la carne desde el aire.
Para demostrarlo tomó extracto de carne, lo hirvió y lo dejó expuesto al aire, pero disponiendo las cosas de manera que éste sólo pudiera entrar a través de un largo y estrecho cuello de botella en forma de S. Las partículas de polvo (y los gérmenes) se quedaban retenidos en el fondo del codo. La carne no se pudrió. En la carne hervida no había gérmenes, y el proceso de descomposición no podía tener lugar en ausencia de ellos. Pasteur había refutado de una vez para siempre la teoría de la «generación espontánea» (la creencia de que
los organismos vivos podían surgir de materia inanimada).
En 1865 se trasladó Pasteur al sur de Francia para estudiar una enfermedad del gusano de la seda que estaba poniendo en peligro la industria entera de este tejido; en juego había entonces millones de francos al año.
Pasteur volvió a utilizar su microscopio y localizó un diminuto parásito que infestaba a los gusanos y a las hojas de morera que les servían de alimento. El consejo de Pasteur fue destruir todos los gusanos y hojas infestados y empezar de nuevo con gusanos sanos y hojas limpias, atajando así la plaga. El consejo surtió efecto. Se había salvado la industria de la seda.
Quien estuvo a punto de no salvarse fue el propio Pasteur. En 1868 tuvo un ataque de parálisis y durante un tiempo pensó que le había llegado su hora. Por fortuna se recuperó.
En 1870 surgieron hostilidades entre Francia y Prusia. El poderío militar de los
prusianos había ido creciendo paulatinamente bajo una política de «sangre y hierro». La guerra cogió a los franceses faltos de preparación. Louis Pasteur acudió inmediatamente a alistarse. Pero su oferta fue rechazada enérgicamente.
«Señor Pasteur», le dijeron los oficiales, «tiene usted cuarenta y ocho años y ha
sufrido un ataque de parálisis. A Francia la puede servir mejor fuera del ejército».
Francia sufrió una derrota desastrosa. Los vencedores impusieron una indemnización de cinco mil millones de francos a los franceses, pensando dejar así indefenso al país durante años. Pero Francia dejó asombrado al mundo entero al pagar la indemnización en el plazo de un año; el dinero salió en parte de la labor de Louis Pasteur, que había salvado y saneado varias industrias francesas vitales.
Algunos médicos empezaron a ver entonces la importancia que tenían los
descubrimientos de Pasteur y pensaron que ciertas enfermedades humanas podían estar causadas por parásitos microscópicos.
En Inglaterra, el cirujano Joseph Lister veía con preocupación que la mitad de los pacientes se le morían de infección después de una intervención feliz. En otros hospitales la cifra llegaba al 80 por 100. Lister pensó entonces en «pasteurizar» las heridas e incisiones quirúrgicas, matando así los gérmenes, lo mismo que Pasteur mataba la levadura en el vino.
En 1865 comenzó a aplicar ácido carbólico a las heridas. En tres años rebajó la tasa de mortalidad postoperatoria en dos tercios: había inventado la «cirugía antiséptica». Hoy día imitamos a Lister cada vez que aplicamos yodo a una cortadura.
Pasteur llegó a las mismas conclusiones que Lister en 1871, después de la guerra. Anonadado por la tasa de mortalidad de los hospitales militares, obligó a los médicos (a menudo contra su voluntad) a hervir los instrumentos y vendajes. Matad los gérmenes — insistía Pasteur—, matadlos. Y la tasa de mortalidad descendió. (Aproximadamente veinticinco años antes, el médico austriaco Ignaz Semmelweis había tratado de imponer la desinfección a los médicos. Semmelweis opinaba que los médicos eran asesinos que portaban la enfermedad en sus manos y recomendó que se las lavaran con una solución de cloruro de cal antes de acercarse al paciente. Fracasó en todos sus intentos y
murió en 1865 tras contraer él mismo una infección por accidente. No llegó a ver cómo Lister y Pasteur le daban la razón.)
Pasteur fue gestando poco a poco lo que él llamó la «teoría germinal de las
enfermedades», es decir, que cualquier enfermedad infecciosa está causada por gérmenes; y era infecciosa porque los gérmenes podían propagarse de una persona a otra. Si se lograba localizar el germen y se hallaba un modo de combatirlo, la enfermedad quedaría resuelta.
El médico alemán Robert Koch elaboró técnicas para cultivar gérmenes patógenos fuera del cuerpo. Junto con Pasteur halló la manera de combatir una enfermedad tras otra: franceses y alemanes unidos para servir a la humanidad. Los años ochenta del siglo pasado fueron los más espectaculares de la vida de Pasteur: descubrió cómo inocular contra las enfermedades animales del ántrax (que desolaba el ganado bovino y ovino) y el cólera de las gallinas, y también cómo proteger al hombre contra la temible enfermedad de los perros rabiosos, la hidrofobia.
Pero esta época, con ser espectacular, no fue sino la consecuencia natural de la teoría germinal de las enfermedades, cuyos inicios datan de sus primeros trabajos. Cuando Pasteur murió el 28 de septiembre de 1895, la medicina moderna era ya una realidad.
De todos los descubrimientos médicos de la historia, el más grande quizá sea el de la teoría germinal de Pasteur. Una vez adoptada esa teoría fue posible combatir sistemáticamente las enfermedades. Podía hervirse el agua y tratarla químicamente; la eliminación de desperdicios se convirtió en una ciencia; en los hospitales y en la preparación comercial de productos alimenticios se adoptaron procedimientos estériles; se crearon desinfectantes y germicidas; y a los portadores de gérmenes, como los mosquitos y las ratas, no se les dio ya
tregua.
La adopción de estas medidas trajo consigo una disminución de la tasa de mortalidad y un aumento de la esperanza de vida. La esperanza de vida del varón norteamericano era de treinta y ocho años en 1850; hoy es de sesenta y ocho. A Louis Pasteur y a sus colegas científicos hay que agradecerles esos treinta y ocho años de regalo.

DARWIN Y WALLACE


Uno de los libros más asombrosos que jamás se hayan escrito apareció en 1859, hace más de un siglo. Sólo se tiraron 1.250 ejemplares, y al día siguiente de salir a la calle no quedaba ni uno en las librerías. Se hicieron reimpresiones y desaparecieron con la misma celeridad.
El libro desató una enconada batalla de polémicas, donde fue objeto de ataques y de defensas; pero, finalmente, se alzó con la victoria. El libro es científico y no fácil de leer, y en algunos puntos está ya anticuado, pero jamás perdió popularidad.
El título completo es Sobre el origen de las especies a través de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. Hoy día lo conocemos sencillamente por El origen de las especies. El autor era un naturalista inglés, de nombre Charles Robert Darwin.
Charles Robert Darwin nació en Inglaterra, el 12 de febrero de 1809 (el mismo día que, en una lóbrega choza de los bosques americanos, nació Abraham Lincoln). Darwin, a diferencia de Lincoln, nació en el seno de una
distinguida familia, rodeado de comodidades. El padre y el abuelo de Darwin eran médicos, y su abuelo Erasmus Darwin era también poeta y naturalista.
La educación académica de Darwin apuntó en un principio hacia la Medicina, e incluso llegó a marchar a Edimburgo para iniciar su formación médica. Pronto comprobó que aquello no le interesaba. Sin embargo, fue en aquella época cuando conoció y trabó amistad con varios científicos y descubrió que quería ser naturalista, como su abuelo.
Su vida dio el giro decisivo en 1831, cuando se enroló en el Beagle, un buque que estaba haciendo un periplo de cinco años por todo el mundo para explorar diversas costas y engrosar los conocimientos geográficos de aquel entonces. Darwin se enroló en calidad de naturalista, encargado de estudiar la vida animal y vegetal de lugares remotos.
La primera escala fue Tenerife, en las islas Canarias, y Brasil la segunda. Darwin capturó allí insectos y ñandús (grandes aves que han perdido la capacidad de vuelo). A medida que fueron bajando hacia el Sur observó que con el cambio de clima también cambiaban los tipos de plantas y animales. En la costa occidental de Sudamérica, donde el clima es distinto del de la oriental, observó muchos tipos que sólo se daban allí, y no en la otra costa. Por otro lado, desenterró esqueletos de animales fósiles que no eran iguales que los de
la actualidad.
Darwin observó una cosa curiosa acerca de las «especies». (Una «especie» es una clase de planta o animal que sólo procrea entre individuos ertenecientes a ella. Los perros y los zorros son especies distintas, por ejemplo; pero en cambio no lo son los collies y los terrier.) Darwin observó que en las islas Galápagos (un grupo de islas frente a la costa de Ecuador, en Sudamérica) cada isla tenía su propia especie de pinzón (hoy se les sigue llamando «pinzones de Darwin»). Encontró nada menos que 14 tipos, cada uno de ellos ligeramente distinto de los demás. Unos tenían pico largo, otros corto, poco fino algunos,
curvado otros, etc.
¿Por qué cada islote tenía su propia especie? ¿Sería que en un principio había una sola especie y que al vivir en islas distintas se había ramificado en varias, cada una de ellas provista de un pico especialmente apto para capturar el alimento (semillas, lombrices o insectos) de que se nutría ese tipo concreto de pinzón? Una especie ¿podía transformarse en otra?
Tras abandonar las islas Galápagos, el Beagle cruzó el Pacífico y recaló en diversos puertos e islas de Australia. Darwin se preguntó por qué el canguro, el vombat y el valabi vivían sólo en Australia y en ninguna otra parte, y lo explicó de la siguiente manera: Australia es una isla muy grande que en tiempos formaba parte de Asia hasta que el nivel del mar subió y la separó del continente. Al quedar así aislada, cambiaron los seres vivientes de la isla y
aparecieron nuevas especies. Darwin llegó así a la conclusión de que las especies sí cambian.
Finalizado el viaje, Darwin dedicó muchos años a estudiar estos cambios en las especies. Hasta aquel momento eran muy pocos los que creían en la posibilidad de que una especie sufriera transformaciones, y nadie había encontrado una razón convincente que
explicara el cambio. Darwin necesitaba hallar esa razón.
Hacia aquella época cayó en sus manos un libro famoso escrito por un clérigo llamado T. R. Malthus. Malthus afirmaba que la población crecía siempre más deprisa que los recursos alimenticios, de manera que siempre habría algunos que morirían de hambre.
¡Claro! pensó Darwin. Todos los animales engendran muchas más crías de las que pueden vivir con los recursos alimenticios disponibles. Algunas tenían que morir para dejar el sitio a las demás. Y ¿cuáles morirían? Evidentemente, las que fuesen menos aptas para vivir en su medio.
Para aclararlo un poco más, supongamos que llevamos cierto número de perros aAlaska y otros tantos a Méjico. Los perros de Alaska que, por casualidad, tuvieran un pelaje más espeso sobrevivirían mejor en el gélido clima nórdico. Los perros de Méjico que hubiesen nacido con un pelaje ligero soportarían mejor el clima caluroso. Al cabo de un tiempo sólo existirían perros muy lanudos en Alaska y perros de poco pelo en Méjico, amén de otros cambios debidos a otras diferencias ambientales. Al cabo de miles de años habría tantas diferencias, que los dos grupos de perros ya no podrían cruzarse entre sí. En lugar de una especie habría ahora dos. He ahí un ejemplo de lo que Darwin llamó «selección natural».
En 1858, Darwin seguía trabajando en un libro que había empezado en 1844. Los amigos le apremiaban, advirtiéndole que le iban a pisar la idea. Pero a Darwin no había quién le metiera prisa... y en efecto, hubo quien se le adelantó: Alfred Russel Wallace, inglés igual que Darwin, pero catorce años más joven.
La vida de Wallace fue muy parecida a la de Darwin: su afición a la naturaleza la tuvo desde pequeño y también participó en una expedición a islas lejanas.
Wallace estuvo en la Sudamérica tropical y en las Indias Orientales. Aquí observó que las plantas y animales que vivían en las islas más al Este (las que continúan hasta Australia) eran completamente distintos de los de las islas del Oeste (las que prosiguen hasta Asia). La línea entre los dos tipos de vida era nítida y serpenteaba el archipiélago: hoy día se sigue llamando «línea de Wallace».
En 1855, durante su estancia en Borneo, le vino la idea de que las especies tenían que cambiar con el tiempo. Y, en 1858, empezó a reflexionar también, igual que Darwin, sobre el libro de Malthus, llegando a la conclusión de que los cambios tienen lugar por selección natural, que él llamó «la supervivencia de los más aptos».
Pero había una diferencia entre Darwin y Wallace: después de catorce años, el primero estaba trabajando aún en el libro, mientras que Wallace, de otro talante, concibió la idea, se sentó a escribir y lo despachó en dos días.
¿Y a quién diremos que envió Wallace el manuscrito para su lectura y crítica? Al
famoso naturalista Charles Darwin, naturalmente.
Cuando éste lo recibió se quedó de piedra: eran exactamente sus mismas ideas, e incluso expresadas en un lenguaje parecido. Darwin era un auténtico científico: aunque había trabajado durante tanto tiempo en la teoría (y tenía testigos para demostrarlo), no trató de arrogarse el mérito. Inmediatamente pasó la obra de Wallace a otros científicos de talla. Y ese mismo año apareció en el Journal of the Linnaean Society un artículo firmado por ambos.
Al año siguiente terminó finalmente Darwin su gran libro, El origen de las especies, que el público esperaba ya con impaciencia.
La mayor laguna en el razonamiento de Darwin es que no sabía exactamente cómo los padres transmitían sus caracteres a la descendencia, ni por qué los descendientes diferían entre sí. La pregunta la contestó Mendel en 1865, sólo seis años después de publicarse el libro de Darwin; pero la obra de Mendel permaneció inédita hasta 1900 (véase pág. 81). Darwin murió el 19 de abril de 1882 y nunca llegó a conocer bien las leyes de la herencia. Wallace vivió
hasta 1913 y él sí conoció la obra de Mendel y de otros genetistas.
La gente suele decir que Darwin fue el creador de la «teoría de la evolución», la teoría de que la vida comenzó en formas elementales, fue cambiando lentamente, se hizo más compleja y desembocó, finalmente, en las especies actuales.
Lo cierto es que él no fue su creador, porque muchos pensadores, entre los que no puede dejarse de señalar al francés Jean Baptiste de Lamarck, habían expuesto ya teorías parecidas (la de Lamarck es cincuenta años anterior). Incluso el abuelo de Darwin tenía una de esas teorías, a la que dedicó un largo poema.
La gran aportación de Darwin y Wallace consistió en elaborar la teoría de la selección natural para explicar los cambios de las especies. Y quizá algo más importante aún: Darwin presentó una cantidad ingente de pruebas y razonamientos lógicos que respaldaban la teoría de la selección natural.
Una vez publicado el libro de Darwin, los biólogos tuvieron que rendirse a la
evidencia. Los cambios de las especies habían sido hasta entonces simple especulación. A partir de 1859 hubo que aceptarlo como un hecho. Y así sigue siendo.
La idea de Darwin Wallace revolucionó la concepción de los biólogos: convirtió las ciencias de la vida en una sola ciencia. El hombre pasó a ocupar el lugar que le correspondía en el esquema de la vida, pues también él, como las demás especies, provenía de formas más elementales.